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domingo, 28 de marzo de 2010

El frío modifica la trayectoria de los peces

                         El frío modifica la trayectoria de los peces.

                          Y de los humanos, diría yo. El libro de Pierre Szalowski, cuyo nombra da título a este post, se ha trasladado a vivir a la estantería de mi memoria donde se ubican los libros especiales y favoritos, los que sé que pese a leerlos una y otra vez, siempre serán bien leídos. Bueno, pero creo que esa es una impresión muy personal y subjetiva, quizá por que hacía mucho que no me conectaba con unos personajes o sentía como si estuviera ahí.

                          La narración de Szalowski es sencilla y sin rebuscamientos. El lenguaje de un niño de once años que bien podría ser cualquiera de los niños de esta época, a pesar de que está ubicada en el Montreal de 1998. Un niño al que sus padres le anuncian, el día de Reyes, (habrá que ver lo crueles que somos los adultos a veces) que van a separarse, confirmando algo que él ya sabía. ¿Qué hace un niño de once años al que los dos adultos más importantes de su vida le presentan una decisión tan trascendente como algo ya hecho, sin considerar su opinión? Alguien diría que son cosas de gente grande, que un niño no entendería las cosas de la pareja. Pero, recordando que todos hemos sido niños alguna vez y que hemos sufrido de esa condescendencia adulta, hay que tener siempre en cuenta que un niño es mucho más inteligente de lo que un adulto podría pensar. Sólo que conforme pasan los años sobre nosotros nos olvidamos que con la mirada fresca y limpia, se puede ver mejor que tras los hábitos, rutinas y manías de la adultez. Así que, ¿qué hace nuestro niño? Pedirle ayuda al Cielo. Pues sí. Esa Fe inconmovible y pura de los niños.

                           ¿Y realmente el cielo ha escuchado? Pues así parece, desatándose una de las peores tormentas de hielo de la historia de su ciudad. Habría que ver cuantos deseos piden los niños e inculcarles que pidan cosas más buenas nada más de ver todos los desastres naturales de estos recientes tiempos.

                           Bien, pues aquí que tenemos una pareja en víspera de separarse, un par de niños que son mejores amigos por comprender en silencio el uno al otro, vecinos dispares de un bloque de edificios que apenas si se hablan, todos viviendo en rutinas establecidas en circunstancias rutinarias. Es así como la teoría de Boris, el frío que hace alrededor modificará la trayectoria de los humanos, además de las de los peces, provocando que se dejen ver como realmente son. Y quizá porque sea cierto que en situaciones fuera de lo ordinario la naturaleza humana se manifiesta de manera más espontánea, y podemos ver la verdad acerca de quienes somos y quienes son los demás en esos momentos tan fugaces.

                           Esta novela me hizo acordarme de cosas y aunque no hace mucho frío ahora, me pregunto que pasaría si de verdad nuestra mente se adaptara al pensamiento de que cada día es un milagro y es extraordinario por sí mismo, por que incluso, cada segundo ido, fue diferente e irrepetible y por ello, no vale la pena desperdiciarlo ocultando lo mejor de nosotros a los demás.

                          Y, afortunadamente en esta historia, antes que paralizarse el corazón por el frío, lo que se paralizó fueron las convenciones diarias y se congeló ese sentido de cotidianidad en que se hunde uno cada día y deja de pensar en lo maravilloso que es estar con quien se está y tener lo que se tiene. Claro, es buscar también ese equilibrio entre vivir una aventura diaria y ser responsable de las consecuencias de cada uno de nuestros pasos y decisiones.

                        Sin embargo, por lo pronto, pues es una de las novelas más bonitas en su sencillez que he leído en estos días y me trajo lágrimas y risas por igual, por lo que, valga de mucho o poco mi opinión, la recomiendo con cinco estrellitas.

                         Me pregunto, ¿acaso lo que necesita este mundo es un poco más de frío para que los humanos modifiquen sus trayectorias? Quizá es lo que nos está insinuando la Naturaleza en su sabiduría con todo lo que ha descendido la temperatura en estos días.

La Mecánica del Corazón

                          LA MECANICA DEL CORAZÓN, de Mathias Malzieu, me gustó como cuento moralista para adultos, lleno de fábula y trazos de narración poética, de esa libertad narrativa respecto a la realidad que se conceden ciertos autores, sin embargo llegué al final y me quedó un regustillo ácido. ¿Acaso la felicidad no está hecha de sueños realizados? Podría decirse que ver un sueño volverse realidad, aunque sea por un lapso de tiempo que finalmente fenece, debería hacernos felices, pero la naturaleza humana no es así. Por eso deseamos lo inalcanzable, lo difícil, aquello por lo que ha de lucharse para conseguir. Por tener la esperanza de que algún día “seremos felices”, sin importar el costo o todo el tiempo que habemos de esperar para conseguirlo. Somos héroes de nuestra propia novela. Nuestra leyenda personal, en palabras de uno de mis autores favoritos.

                          Y conste que no es porque me gusten solamente las historias de corte “final feliz”. Es que quizá, con un personaje extraordinario deberían pasar cosas extraordinarias, y aunque había de verse que el final era inevitable, pues tal vez sólo, románticamente, pensé que tal cual debía ser, la inflexible mecánica del corazón tan bien afinada y comprendida, triunfaría.

                          Habiendo de ver los sentimientos como síntomas de la edad adulta, el amor en su más pura expresión infantil habla de esa fragilidad del alma, que se prenda una vez de una estrella fugaz y la persigue, aun quizá sabiendo que se esta viendo una roca ígnea caer del cielo y al alcanzarla solamente nos quedará polvo en las manos y algún que otro recuerdo de la luz que nos iluminó un momento. Y el conocimiento que debemos vivir al abrigo del recuerdo de esa luz mientras nos dure en la memoria, idealizándola luego, para que nunca se extinga.

                          Siendo humanos, pues sí, repito, era inevitable que el pequeño Jack terminara como lo hizo. Es lo malo de los cuentos para adultos, suelen tener finales para adultos, que comprendemos el porqué un alma cristalina y soñadora se vuelve turbia y termina por perder algo de su luminosidad.

                          En fin, que es un libro interesante y entretenido, plantea el viaje de un niño que se vuelve hombre y que regresa a su niñez con una gran carga a cuestas. Del intento de Malzieu de explicar, mediante un subterfugio, cómo y por qué el corazón se mueve y desgrana las emociones conforme las manecillas del reloj avanzan y pensando siempre que uno debe creerse extraordinario para lograr las cosas extraordinarias. Cuando nos limitamos a ser humanos, un poco del poder se pierde y tal vez sea por eso, que no logramos alcanzar las estrellas.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Hoy pienso en... gatos.

                       Vuelven los días fríos y con ellos el deseo de llevar las cosas un poco más lento, al menos por mi parte. Quizá en mis genes se encuentre algún remanente de mis ancestros homínidos, o tal vez se me haya mezclado un poco de sangre de oso. O de gato. Mientras escucho en el radio un programa local en el que hacen una reseña de los viejos programas de anime, esos que de una forma u otra nos enseñaron a ver los dibujos animados como mininovelas para niños, me acuerdo de esa personita que se fascinaba por conocer las vidas de otros, las historias de otros, pero más aún, pensando que tal vez, algún día, escribiría acerca de personajes tan entrañables como aquellos. 
                      No fue así. Mi ansia de escribir se quedó atrás con mi yo sensible y tierno, quizá por que no se puede escribir, o, no se debe escribir de cosas que no se conocen bien. Y reconozco que tengo una carencia en ello. Sin embargo, me encanta leer, aunque últimamente tengo abandonada mi lista de libros. Me he demorado en avanzar en Gatos sin fronteras, de Antonio Burgos, que se pinta como un libro con tintes de diversión, remembranza melancólica y cierto sarcasmo. Coincido con el autor en cuanto a los gatos, es uno de mis temas favoritos. A mi me encantan. Siempre tengo un viejo dicho en la cabeza, "Al que no le gustan los gatos es porque no soporta aquello que no puede conquistar".
                    Quizá podríamos aprender un poco de los gatos. Son limpios, (con sus excepciones), elegantes, dignos y rara vez se venden por un pedazo de comida, y no es que no acepten que les des un bocado, sino que, de recibirlo, lo hacen como un tributo y no como un soborno. Podría decirse que podríamos aprender de ellos a no vendernos por nada, a mantener nuestra convicción en algo y nuestra integridad individual.
                     No se puede hablar de un gato sin pensar en su porte de silueta típica o su piel suavecita y tibia o el ronroneo cuando encuentra agrado en nuestra caricia. Me pregunto si podría una criatura ser más sencilla y sin complicaciones. Entrar y salir, ir y venir con total independencia y egoísmo, sin sentirse responsables más que del cuidado de uno mismo, claro, excepto cuando se trata de una gata y sus gatitos, que no les deja hasta que sabe que ya se pueden ir a circular por la vida sin problemas. Y vaya que me he encontrado con casos en que nunca los abandonan. Podría decirse que una mamá gata es un buen ejemplo de madre.
                      Desde que tengo uso de razón ha habido gatos en mi casa. Algunos entrañables, como Ringo, un gato salvaje que nos trajo papá de un rancho. Ringo dos (en honor del primer Ringo, claro) y Tigre, eran hermanos, (hijos de la incomparable Pitusa),  uno amarillo y uno borrado. Mi pequeño Morris, una cruza de angora blanco con ojos azules intensos, el Ringuillo (ya era mucho Ringo tres), que tenía la manía de chuparse los dedos de la pata trasera como un bebé al dormir y en su generosidad y cariño, adoptó a mi perro cuando era cachorrito, acogiéndolo bajo su protección cuando se quedaba solo en casa; y ahora, Negrín (no es que seamos muy originales en los nombres). A veces se quedan años con nosotros, otras, como el primer Ringo, son efímeros pero nos dejan un recuerdo indeleble en la memoria, y ¿por qué no?, en el corazón.
                      Se puede amar a un gato, pero no es como que un gato lo ame a uno. Excepto por el Ringuillo, (Kechupa, era su apodo por obvias razones), que nos tenía a mis hermanos y a mí una verdadera devoción, no recuerdo que mis otros gatos hayan sido especialmente cariñosos. Claro, juegan contigo (si tienen ganas), se duermen en tus piernas (si tienen ganas),  comen lo que tu les das (cuando tienen hambre), y aceptan (más bien, exigen) tus caricias cuando quieren sentirse queridos. Pueden a cambio, ronronear para ti de regocijo, mostrándote sin dobleces su fugaz amistad mientras les demuestras tu cariño, calentarte los pies en una noche de frío, cazar ratones de tu casa sin dejártelos por ahí de ofrenda. En fin, que me imagino que si fueramos gatos, quizá sería una sociedad un poco más egoísta e individualista, pero, tal como lo demuestra Garfield, ya que los gatos difícilmente se adhieren a una causa, pues quizá nos entrometeríamos menos en las vidas de otros y tal vez habría menos malosentendidos.
                       Ahora, si los gatos han sobrevivido a no sé cuantos miles de años, (desde antes de Egipto hasta hoy), siendo los animales sin sociedad propiamente dicha, ¿qué habría pasado si fueran animales organizados y pensantes? ¿Sería este como el reino de los Thundercats? ¿Sería quizá un paraíso felino? ¿O un infierno donde nadie se preocuparía por nadie? Todos los pleitos se resolverían con una buena trifulca y después tan amigos y compañeros de parrandas nocturnas como antes.
                      No lo sé. Sólo me pregunto si aquellos a los que nos gustan los gatos, al contrario de aquellos a los que no les gusta lo que no pueden conquistar, ¿es por qué nos gusta ser conquistados por un ser que nunca será enteramente nuestro? Más bien creo que es por que admiramos esa libertad y esa independencia, esa fiereza llena de gracia que  sabe que se cuentan con diez garras para pelear contra la vida y un par de colmillos afilados que hincar a la adversidad. Y quizá, por que sabemos que en las correrías nocturnas de un gato puede haber mil vidas humanas vividas que ya quisiéramos nosotros tener, porque en su fosforecente mirada nocturna se encuentra siempre el brillo de la novedad y de lo conocido, de la aventura y del aburrimiento de haberlo visto todo, ese saber misterioso de siglos y de miles de gatos previos, todos únicos e individuales, que comprendieron que, pese a haber aceptado morar en compañía del ser humano jamás vendieron su libertad por un plato de comida, y que así sigan correteando por las ciudades o buscando ratones en el campo, serán siempre gatos, nunca la raza gatuna o el género gato, no mascotas, sino compañeros o tiranos; nunca gregarios, siempre distinguibles, especiales y con un sello que los hace diferentes uno de otro. Como las manchas, o las rayas de cada uno, que nunca serán iguales entre sí.

lunes, 8 de febrero de 2010

Sonríe...

                    El pensamiento que pongo más abajo me llegó con un correo electrónico muy triste, y la verdad es que me tocó. Creo que a veces perdemos mucho tiempo con cosas que no son trascendentes para muestro crecimiento personal, ya sea mental o espiritual, y se nos olvida que cada día que pasa es una oportunidad de pulir o quitar aquello que no nos gusta de nosotros. Se nos olvida que hay palabras con las que tal vez nos tengamos que quedar toda la vida por que no habrá otra oportunidad para decírlas a esta o aquella persona. Se nos olvida también que nadie nos puede asegurar que mañana o incluso, al minuto siguiente, seguiremos estando y teniendo la vida para hacer aquello que necesitamos, deseamos o que los demás necesitan de nosotros.
                    Se nos olvida a veces también, que cuando se ama se es responsable de aquellos a quienes amamos, y que para hacer lo mejor por esos seres queridos, debemos ser mejores también.
                    Bueno, en fin, es para pensar que, a pesar de que el día tiene sólo veinticuatro horas, cada uno de los segundos cuenta, y sé que tal vez no siempre logramos hacer todo lo que nos proponemos, pero sería buena idea no posponer aquello que involucra a los que llevamos en el corazón.

La vida es corta, trabaje como si fuera su primer día.
Perdone rápidamente
bese demoradamente, ame verdaderamente
ría incontrolablemente
y nunca deje de sonreír
por mas extraño que sea el motivo.
La vida no puede ser la fiesta que esperábamos
pero en cuanto estamos aquí, debemos sonreír y dar gracias...

domingo, 31 de enero de 2010

Sugerencias...

           Cada cierto tiempo me llega por e-mail un listado que contiene supuestamente veinte consejos de parte de los indígenas norteamericanos. Quiero pensar que se refiere a esos pueblos que habitaban lo que hoy día es Norteamérica, previo a la colonización por parte del hombre europeo, y aunque realmente no sé si provengan de esa sabiduría ancestral, pues en realidad creo que son consejos, o sugerencias, sencillas y de sentido común. Por eso las comparto en este post y espero que a más de uno le resulten útiles.

20 CONSEJOS DE LOS INDÍGENAS NORTEAMERICANOS

1.- Levántate con el sol para orar. Ora sola(o). Ora frecuentemente. El Gran Espíritu oirá, ciertamente, si le hablas.

2.- Sé tolerante con aquellos que han perdido el camino. La ignorancia, la presunción, la ira, los celos y la avaricia (codicia), provienen de un alma perdida. Ora para que ellos encuentren guía.

3.- Búscate a ti mismo, por tus propios medios. No permitas que otros hagan tu camino por ti. Es tu senda, y sólo tuya. Otros pueden caminar contigo, pero nadie puede hacer tu camino (o caminar tu senda) por ti.

4.- Trata a los huéspedes en tu casa con mucha consideración. Sírveles la mejor comida, dales la mejor cama y trátalos con respeto y honor.

5.- No tomes lo que no es tuyo, sea de una persona, una comunidad, de la selva o de una cultura. No fue dado ni ganado. No es tuyo.

6.- Respeta todas las cosas que están sobre esta tierra, sean personas o plantas.

7.- Honra los pensamientos, deseos y palabras de todas las personas. Nunca los irrumpas, ni te burles de ellos, ni los imites de manera grosera. Permite a cada persona el derecho a su expresión personal.

8.- Nunca hables de los demás de mala manera. La energía negativa que pones en el universo se multiplicará cuando retorne a ti.

9.- Todas las personas comenten errores. Y todos los errores pueden ser perdonados.

10.- Malos pensamientos causan enfermedad a la mente, al cuerpo y al espíritu. Practica el optimismo.

11.- La naturaleza no es PARA nosotros. Es PARTE de nosotros. Ella es parte de tu familia del mundo.

12.- Los niños son las semillas de nuestro futuro. Siembra amor en sus corazones y riégalos con sabiduría y lecciones de vida. Cuando crezcan, dales espacio para crecer.

13.- Evita herir los corazones de los demás. El veneno de tu sufrimiento retornará a ti.

14.- Sé verdadero (veraz) todo el tiempo. La honestidad es la prueba de la voluntad de uno en este universo.

15.- Consérvate balanceado. Tu persona Mental, tu persona Espiritual, tu persona Emocional, y tu persona Física: todas tienen la necesidadde ser fuerte, puras y saludables. Ejercita al cuerpo para fortalecer la mente. Crece mucho espiritualmente para curar enfermedades emocionales.

16.- Haz decisiones conscientes acerca de quién serás y acerca de cómo reaccionarás. Sé responsable por tus propios actos.

17.- Respeta la privacidad y el espacio personal de los demás. No toques la propiedad personal de los demás, especialmente los objetos sagrados y los objetos religiosos. Esto está prohibido.

18.- Sé verdadero ante ti mismo primero que todo. No puedes nutrir y ayudar a otros si no puedes nutrirte y ayudarte a ti mismo primero.

19.- Respeta las creencias religiosas de los demás. No impongas en los demás tus propias creencias.

20.- Comparte tu buena fortuna con los demás. Participa en la caridad.

sábado, 9 de enero de 2010

The Big Bad Swim


           O lo que se le parece, El gran salto, (título en español), es una película que tuve la oportunidad de ver una de estas noches de tanto frío y mientras buscaba algo para mirar que me diera un poco de sueño. 
               La sintonicé pensando que sería un drama aburrido, con actores que no me son familiares, por lo que pronto me quedaría dormida, sin embargo, fue todo lo contrario. La comencé a ver algo avanzada, así que no capté de primera intención el argumento de la película, pero tampoco es como que me hacía falta, se va desenvolviendo por sí misma, como si se estuviera desarrollando con el curso de los minutos que avanza, de manera en momentos un tanto imprevista y con argumentos de tan comunes que resultan originales, francos, claros e hilarantes… y de tanto en tanto, conmovedores.
                    Bueno, en realidad me gustó. Y la simplicidad con que se expone en la cinta que la vida misma es un gran salto, o una gran zambullida, en realidad. Que hay que ir dominando el miedo y buscando el valor interior o quizá, aquello que nos brinda valor interior para dar el salto, para atreverse a hacer algo, o soñar con hacerlo y cumplirlo. Que, a la vez, hay que tener fe en lo que hemos aprendido de los maestros de la vida para saber, que, cuando nos zambullamos, podremos salir a flote. Encontrar el valor propio más allá de una oportunidad perdida o un matrimonio terminado.
                      Premisa:- El 97 % de las personas flotan de manera natural… el otro 3% debe aprender a ser más “flotador”. Supongo que podría ser atinado. Que mientras para alguno lo más natural es ir por ahí, saliendo a flote de las situaciones de la vida casi sin darse cuenta, para el otro pequeño porcentaje, podría ser más complicado y terminará haciéndolo, pero encontrando un método propio, tal vez un poco más practicado como el constante empeño de un entrenamiento diario.
                       Una película sin melaza, con escenas entrañables, (el perrito que se va tras el ciervo y regresa después de media hora, ¿quién fue el adoptador y quien el adoptado?); que transcurren como quien viera un video casero, sin adornos ni sobreactuaciones de los personajes. Porque creo que más que los protagonistas humanos, la protagonista es la clase de natación que enlaza la vida de este grupo, como enlaza las vidas de cientos, miles de grupos más a lo largo y ancho del mundo, de personas que comparten aún un solo interés pese a ser tan distintas entre sí.
                      Recomendable para buscar entre los filmes independientes del año 2006, que deja buen sabor de vista (no de boca), y el acertado conocimiento de que, de una manera u otra, todos somos diferentes y un poco raros, pero al final de cuentas, en un maravilloso mundo de diversidad, eso es de esperarse.

domingo, 3 de enero de 2010

La Luna y sus Círculos


                Con esa costumbre que tengo de mirar al cielo cada noche, aunque en estos días hay apenas sólo nubes para ver, hace un par de noches observé un enorme círculo rodeando la Luna Llena, que en otras ocasiones ya había observado. 
                Las personas de otras generaciones decían que este halo o "casita", es una señal de que el tiempo va a cambiar, y le atribuían también propiedades de augurios, buenos y malos. Creo que, a pesar de no poder dar una explicación científica, con esa sabiduría popular, no andaban tan errados.
                Como hago desde que se inventó el internet, busqué una respuesta para esta duda, ¿a qué se debe este halo que rodea la Luna Llena? Pues bien, entre datos serios, suposiciones, chistes y demás, encontré que este círculo puede deberse a la refracción de la luz del satélite en las partículas de cristales de hielo suspendidas en la atmósfera, y ha de ser, ya que han sido noches frías para nuestra ciudad, así pues, esta refracción hace que estos cristales se iluminen y provoca que se forme este halo. Por lo que pude encontrar, no es un fenómeno común, y he de decir que no se ve más que unas cuantas noches al año, yo creo que durante el año pasado, lo pude observar apenas cuatro o cinco veces y afortunados los que lo hemos visto, pues es bastante hermoso, como un arcoiris que rodea la Luna, dependiendo de la claridad de la noche.
                Dos mil nueve fue el Año Internacional de la Astronomía, y creo que por estas tierras, pasó sin pena ni gloria, lo que es una lástima, pues nos perdemos de conocer el gran entorno que nos rodea más allá de la exosfera, que también constituye parte de lo que nos hace humanos, pues algo de ese polvo y gases que rodea nuestro pequeño planeta también sirvió para crearnos.
                Es buena idea que ahora se incluya en los noticieros información acerca de los fenómenos cósmicos como las fases de la luna, los eclipses, y en estos días, las lluvias de meteoros, la más reciente, la de las Cuadrántidas, que se estará viendo, si el clima lo permite, del primero al cinco de enero. Sería bastante interesante que así como nos percatamos de nuestro entorno inmediato, también observemos con más atención los sucesos que ocurren en el cielo, y sobre todo, enseñar a nuestros niños a conocer, no solamente nuestra casa, La Tierra, sino también, el vecindario completo, es decir, todo el Universo. Y que mejor que todavía en estos lares el cielo es lo bastante transparente para poder ver las estrellas por la noche.
                Al menos, y en estos tiempos de crisis, es algo que no nos cuesta nada, quizá sólo un poco de tiempo y paciencia. Y puede que encontremos que es posible disfrutar de hacer algo diferente de vez en cuando.

viernes, 1 de enero de 2010

FELIZ AÑO NUEVO 2010

               Entre explosiones de cohetes, música de todo tipo, karaoke ochentero (que tenían los vecinos de atrás de mi casa), y con la ausencia del silbato tradicional de los trenes que me confundió un poco no escuchar, pues llegó el Dos mil diez. Así, dicho con todas sus letras.
               No sé si será por que este es el año del Bicentenario de México, al que se le ha dado mucha publicidad -que aún no alcanzo a comprender- pues nuestro México querido parecía desear salir del 2009 huyendo de la crisis, de la influenza, del dengue, de la violencia, de la austeridad, el desempleo, etc., etc., para llegar a la meta tan ansiada del 2010, año que ya empieza a mostrar los colores que predominarán a lo largo de los próximos doce meses.
               No es que sea pesimista, pero la verdad, la famosa cuesta de enero, que como chiste ahora decimos dura hasta febrero, pues tal vez en esta ocasión nos parezca una montaña tan grande de escalar como las de la cordillera de la Sierra Madre Oriental... u Occidental, para la metáfora, es lo mismo.
               Sin embargo, no quería hacer este comentario en un tono gris o amarillo mostaza -color que no me gusta mucho y por eso lo relaciono con lo triste-, sino por el contrario, aparte de enviar una sincera felicitación a todos, a todo el mundo, por haber comenzado una página más en el libro de los años, también deseo animar a mis compatriotas, amigos y conocidos, a tomar con calma este año que comienza.
               Sí, me sé el dicho popular de "año nuevo, vida nueva", pero, seamos sinceros, año nuevo no significa que vamos a botar todo lo que ya traemos del año pasado, sino acumular más accesorios (dígase accesorios como experiencias) para la bolsa de nuestra vida que llevamos a cuestas. Y sobre todo, en tiempos de austeridad, de prudencia y circunspección. Que son palabras que me imagino se van a poner de moda.
               La verdad, también creo que tendremos que ser valientes y comenzar a hacer acopio de todos esos dones que existen en nuestro interior, imaginación, paciencia, en fin, así como hicimos durante el extinto 2009, sólo que aumentado.
              Bueno, tal vez veo el panorama algo sombrío, no sólo por que ahora hace frío y las nubes no me dejan ver la primera luna llena del 2010, sino también por que ahora que he descansado unos días, escuchar las noticidas en la televisión y leerlas en internet, me dan una idea de que no lo tendremos nada fácil.
               Aumenta la gasolina, las tortillas y el gas, quizá el 2010 sea el año en que bajaremos de peso sin ir al gimnasio, dejando de comer tortillas y caminando un poco más.
Pero, no dejen caer los hombros y la sonrisa, los mexicanos somos aguantadores, y apuesto que este año no seremos menos.

Feliz Inicio de Año 2010

¡Que todos sus deseos se hagan realidad!