LA MECANICA DEL CORAZÓN, de Mathias Malzieu, me gustó como cuento moralista para adultos, lleno de fábula y trazos de narración poética, de esa libertad narrativa respecto a la realidad que se conceden ciertos autores, sin embargo llegué al final y me quedó un regustillo ácido. ¿Acaso la felicidad no está hecha de sueños realizados? Podría decirse que ver un sueño volverse realidad, aunque sea por un lapso de tiempo que finalmente fenece, debería hacernos felices, pero la naturaleza humana no es así. Por eso deseamos lo inalcanzable, lo difícil, aquello por lo que ha de lucharse para conseguir. Por tener la esperanza de que algún día “seremos felices”, sin importar el costo o todo el tiempo que habemos de esperar para conseguirlo. Somos héroes de nuestra propia novela. Nuestra leyenda personal, en palabras de uno de mis autores favoritos.
Y conste que no es porque me gusten solamente las historias de corte “final feliz”. Es que quizá, con un personaje extraordinario deberían pasar cosas extraordinarias, y aunque había de verse que el final era inevitable, pues tal vez sólo, románticamente, pensé que tal cual debía ser, la inflexible mecánica del corazón tan bien afinada y comprendida, triunfaría.
Habiendo de ver los sentimientos como síntomas de la edad adulta, el amor en su más pura expresión infantil habla de esa fragilidad del alma, que se prenda una vez de una estrella fugaz y la persigue, aun quizá sabiendo que se esta viendo una roca ígnea caer del cielo y al alcanzarla solamente nos quedará polvo en las manos y algún que otro recuerdo de la luz que nos iluminó un momento. Y el conocimiento que debemos vivir al abrigo del recuerdo de esa luz mientras nos dure en la memoria, idealizándola luego, para que nunca se extinga.
Siendo humanos, pues sí, repito, era inevitable que el pequeño Jack terminara como lo hizo. Es lo malo de los cuentos para adultos, suelen tener finales para adultos, que comprendemos el porqué un alma cristalina y soñadora se vuelve turbia y termina por perder algo de su luminosidad.
En fin, que es un libro interesante y entretenido, plantea el viaje de un niño que se vuelve hombre y que regresa a su niñez con una gran carga a cuestas. Del intento de Malzieu de explicar, mediante un subterfugio, cómo y por qué el corazón se mueve y desgrana las emociones conforme las manecillas del reloj avanzan y pensando siempre que uno debe creerse extraordinario para lograr las cosas extraordinarias. Cuando nos limitamos a ser humanos, un poco del poder se pierde y tal vez sea por eso, que no logramos alcanzar las estrellas.
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