Entre explosiones de cohetes, música de todo tipo, karaoke ochentero (que tenían los vecinos de atrás de mi casa), y con la ausencia del silbato tradicional de los trenes que me confundió un poco no escuchar, pues llegó el Dos mil diez. Así, dicho con todas sus letras.
No sé si será por que este es el año del Bicentenario de México, al que se le ha dado mucha publicidad -que aún no alcanzo a comprender- pues nuestro México querido parecía desear salir del 2009 huyendo de la crisis, de la influenza, del dengue, de la violencia, de la austeridad, el desempleo, etc., etc., para llegar a la meta tan ansiada del 2010, año que ya empieza a mostrar los colores que predominarán a lo largo de los próximos doce meses.
No es que sea pesimista, pero la verdad, la famosa cuesta de enero, que como chiste ahora decimos dura hasta febrero, pues tal vez en esta ocasión nos parezca una montaña tan grande de escalar como las de la cordillera de la Sierra Madre Oriental... u Occidental, para la metáfora, es lo mismo.
Sin embargo, no quería hacer este comentario en un tono gris o amarillo mostaza -color que no me gusta mucho y por eso lo relaciono con lo triste-, sino por el contrario, aparte de enviar una sincera felicitación a todos, a todo el mundo, por haber comenzado una página más en el libro de los años, también deseo animar a mis compatriotas, amigos y conocidos, a tomar con calma este año que comienza.
Sí, me sé el dicho popular de "año nuevo, vida nueva", pero, seamos sinceros, año nuevo no significa que vamos a botar todo lo que ya traemos del año pasado, sino acumular más accesorios (dígase accesorios como experiencias) para la bolsa de nuestra vida que llevamos a cuestas. Y sobre todo, en tiempos de austeridad, de prudencia y circunspección. Que son palabras que me imagino se van a poner de moda.
La verdad, también creo que tendremos que ser valientes y comenzar a hacer acopio de todos esos dones que existen en nuestro interior, imaginación, paciencia, en fin, así como hicimos durante el extinto 2009, sólo que aumentado.
Bueno, tal vez veo el panorama algo sombrío, no sólo por que ahora hace frío y las nubes no me dejan ver la primera luna llena del 2010, sino también por que ahora que he descansado unos días, escuchar las noticidas en la televisión y leerlas en internet, me dan una idea de que no lo tendremos nada fácil.
Aumenta la gasolina, las tortillas y el gas, quizá el 2010 sea el año en que bajaremos de peso sin ir al gimnasio, dejando de comer tortillas y caminando un poco más.
Pero, no dejen caer los hombros y la sonrisa, los mexicanos somos aguantadores, y apuesto que este año no seremos menos.
Feliz Inicio de Año 2010
¡Que todos sus deseos se hagan realidad!
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